Cuento corto: “El mando a distancia”

Un pequeño cuento con alguna enseñanza en valores o cualquier otra circunstancia de la vida de nuestros centrosa veces adaptado, otras inventado, y siempre ambientado en la escuela para hacerlo más cercano a nuestro alumnos.

Al final está disponible la lectura para imprimir, con preguntas y actividades de comprensión lectora.

En clases todos quieren hablar a la vez y contar sus experiencias, así que resulta inevitable que algunos no respeten a los que están hablando. ¿Pero realmente es inevitable?.

“EL MANDO A DISTANCIA”

          Cuando en clase se hablaba de algo interesante, todos querían dar su opinión, todos levantaban la mano y muchos no esperaban su turno para hacerlo, a pesar de que las Seño siempre les recordaba que debían levantar la mano y esperar, así como guardar silencio y escuchar a los compañeros que estaban hablando en ese momento.

          Una noche la Seño tuvo un sueño en el que los niños y niñas no respetaban a quien estaba hablando, interrumpiendo y charlando como solía ocurrir en las clases. En ese sueño -la Seño- tenía un mando a distancia con el que podía bajar el volumen a esos niños tan poco respetuosos con los demás. El mando funcionaba igual que los que tenemos en nuestra casa para la televisión, la radio, o cualquier otro aparato de sonido. En ese sueño, la maestra se sentía muy feliz al ver la cara de sorpresa de sus alumnos cuando -aquellos que no respetaban a los compañeros- movían sus bocas, pero no se les oía nada de lo que decían. Sólo en el momento en el que les llegaba el turno, la Seño volvía a coger el mando y les subía el volumen para que pudieran contar lo que iban a decir, de tal forma que -si volvían a hablar cuando no les tocaba- les volvía a bajar el volumen.

          A la mañana siguiente -la Seño- iba pensando en lo tonto que había sido el sueño que había tenido esa misma noche, pero al llegar al colegio encontró un mando a distancia sobre su mesa. Tenía un color brillante, como el de los objetos nuevos y sin estrenar y en el que sólo había dos botones: uno para subir el volumen y otro para bajarlo. ¡No podía creer lo que tenía delante de sus ojos! Así que se los frotó, pero al volver a abrirlos… ¡Ahí seguía el mando frente a ella!

          Con mucho cuidado lo cogió, sin que de su rostro se desdibujara el asombro del tal descubrimiento, y pensó: -Esto no puede ser verdad, ¿cómo va a ser posible que haya soñado algo así y se haga realidad? ¡Seguro que todavía estoy soñando y aún no me he despertado!- Entonces se dio un pequeño pellizco en el brazo para comprobar si realmente estaba despierta y se frotó a continuación al darse cuenta de que el pellizco le dolió de verdad.

          Aprovechando que sus alumnos aún no habían llegado, guardó el pequeño mando en su bolsillo y decidió que no perdería nada en comprobar si funcionaba como ella había soñado. Aquel día la Seño contó que cualquiera podía sufrir un accidente y les explicó cómo protegernos para evitarlos. Aquello hizo que todos quisieran hablar sobre el accidente que les había ocurrido alguna vez y varios -al igual que en otras ocasiones- volvieron a saltarse el turno de palabra. Pero ese día la Seño, con un extraño mando, les fue bajando el volumen a los que no respetaron el turno de palabra, de forma que todos pudieron contar su historia y escuchar a los otros.

          Seguramente pensaréis que esto es un cuento, que en la realidad lo que soñó la maestra no puede ocurrir y que ese magnífico mando a distancia no puede existir, pero no,… porque ese mando sí existe y lo tenemos todos, pero no de esa forma ni con esos botones. Lo tenemos en nuestra cabeza y consiste en no oír e ignorar a las personas que no nos respetan cuando nos toca hablar. Y lo mejor es que ese mando funciona, porque a todos nos gusta que nos escuchen y no nos ignoren. Así que ya sabéis: “tenéis un estupendo mando a distancia para enseñar a los abusones a respetaros”.

 Texto y dibujo: José Miguel de la Rosa Sánchez. Comprensión lectora: Silvia Asuero.

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