Nomola y el pastel de Navidad Los casos del detective Nomola

Nueva lectura detectivescas gracias a Felipe Gutierrez profe de 5º curso del CEIP el Olivar de Rivas en Vaciamadrid (Madrid), y creador del blog “Rinconcitos de lectura“ y que gracias a Silvia Asuero se le ha añadido preguntas de comprensión lectora que además de trabajar la lectura ayuda a resolver el caso.

Puedes leerla desde el blog o descargar la lectura para imprimir. La solución al caso la debes descargar a parte de la lectura y al final tienes enlaces con más lecturas de detectives.

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DESCARGAR:NOMOLA Y EL PASTEL DE NAVIDAD – SOLUCIÓN

pastel

 

Aquella mañana me levanté pletórico, lleno de buenos sentimientos. Saludé al gato con una patada cariñosa y me asomé por la ventana.

Había caído una nevada capaz de hacer tiritar a una bandada de pingüinos. Con este panorama pensé que ir a comer a “La pequeña Italia”, mi restaurante favorito, era tan difícil como cruzar Alaska.

Y justo hoy que era Navidad…Así que decidí sacar de mí el gran Chef que todos llevamos dentro y ponerme a cocinar un gran plato.

-Veamos que encontramos en la nevera…¡ajá, una lata de caracoles chinos en salsa tártar…sencillamente…repugnante! Ah, pero aquí tengo un tarro de guindillas picantes al curry y un paquete de crestas de gallina con salsa agridulce..¡qué espanto! Me pregunté en qué lamentable estado mental me hallaba yo el día que compré estos asquerosos manjares.

Rebuscando en una jungla de verduras y hortalizas chuchurrías encontré, a caso un último recurso para hacer un pastel de carne navideño. Por fortuna conservaba un bote de pomodoro, o sea tomate italiano y un resto de carne picada congelada que debí arrebatar a una tribu de esquimales . Unos frascos de especias y pimienta que debió traer Marco Polo, a juzgar por la antigüedad del envase obraron el milagro de dar a “aquello” la apariencia de un pastel apetitoso.

Cuando el horno empezó a dorarlo, un olorcillo agradable inundó mi mansión de treinta metros cuadrados.

Mientras, niños y mayores y algún vecino habían aprovechado la gran nevada para construir muñecos de nieve y arrojarse bolas de nieve como idiotas: la escena era conmovedora.

Apagué el horno y saqué con mucho cuidado el pastel, consiguiendo quemarme sólo las primeras falanges de los dedos de la mano. No encontré otros sitio donde dejar el pastel más que en el alféizar de la ventana, el resto de la cocina estaba como si hubiera habido una batalla campal: sartenes contra cacerolas, latas, cuchillos ensangrentados de tomate, platos sucios… Estaba demasiado cansado con el esfuerzo realizado, así que decidí recoger todo más tarde y tomarme un respiro viendo un partido y tomando una cerveza.

El partido era tan aburrido que acabé soñando con los angelitos. Cuando me desperté tenía el hambre de un tigre siberiano y me acordé de mi pastel de carne. Fui a la ventana relamiéndome de placer. Cuando la abrí para cogerlo me dio un vuelco el corazón. ¡El pastel había volado! ¿Habría caído a la calle? Me asomé, el frío era glaciar pero allí abajo tampoco había nada.

¡Alguien había robado mi pastel! ¿Pero cómo? Vivo en un primer piso y desde la calle es imposible alcanzarlo. Bajé dispuesto a armar la guerra de Troya si lograba encontrar al ladrón.

La gran nevada casi impedía salir afuera. Miré desde abajo mi ventana desolada y vacía. La fachada lisa era imposible de ser escalada por animal o ser humano.

El suelo lleno de nieve desparramada y helada. Aquel misterio me dejó sumido en una profunda melancolía y un hambre canina.

Busqué alguna huella, pisada o rastro que me diera alguna pista. Nada. Hasta que, medio enterrado , vi algo extraño: ¡una zanahoria! Aquello me dio una idea para resolver el misterio.

MÁS LECTURAS DETECTIVESCAS EN:

“TRAS LAS PISTA”

“CON MISTERIO”

“AGENCIA LUMBRERAS”

JOE NOMOLA

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